COSAS DEL SISTEMA EDUCATIVO

Todos hemos querido tirar la toalla en algún momento. Nadie es ajeno al sentimiento de impotencia y al de frustración ni al estrés que parece no tener fin. En más de una ocasión hemos estado a punto de explotar y decir “ya no puedo más”.

Cuando nos pasan cosas que no podemos controlar, que sentimos que a pesar de nuestros grandes esfuerzos la situación nos supera, que el mundo se nos viene encima, hace falta parar y ver más allá del punto negro que nos consume.

La educación no es un acto aislado de cada una de las partes que intervienen en ella, es decir, la educación de casa tiene consecuencias sobre la educación de la escuela y viceversa. Y lo más importante, sobre la forma en que se relacionan los alumnos entre ellos.

Se trata de proporcionar a nuestros hijos una educación integral, observarlos no solo a ellos, sino a la escuela y su entorno e ir adaptándonos a las necesidades que surgen en cada momento. Hablar con ellos y dar ejemplo es fundamental.

Teniendo presente que “todo se pega menos la hermosura”, ya que el ser humano es un animal social que se ve afectado por lo que le rodea, reflexiono sobre lo que está ocurriendo en el centro educativo de mi hijo durante este curso 2019-2020.

El centro no está pasando por su mejor curso, es verdad, nadie lo va a negar. Caracolas en el patio,  540 alumnos en un centro construido para dar servicio a 360 alumnos, falta de recursos humanos y materiales, unos pocos profesores con falta de experiencia o profesionalidad, suplencias, bajas, una gran cantidad de alumnos que dificultan la buena convivencia y burocracia, burocracia y más burocracia….

Desde el centro están haciendo todo lo que está en sus manos para solucionar la situación. Puede que a veces se equivoquen o que fracasen, es posible, pero al menos nos consta que están luchando mucho y haciendo una gran labor, que queda oculta tras las dificultades contra las que luchan.

Como padres/madres nos afecta directamente la conducta de nuestros hijos que es donde podemos incidir para participar en las medidas que se están llevando a cabo.

Además de los habituales comportamientos propios de la edad, se están presentando en el centro por parte algunos alumnos agresiones, ofensas, suplantaciones de personalidad, actos que causan daños a las instalaciones, y comportamientos que perturban el normal desarrollo de las clases, tales como interrupciones, falta de colaboración sistemática del alumnado, falta de seguimiento de las orientaciones del profesorado y conductas que dificultan el ejercicio de las clases. Estos comportamientos son contagiosos hasta para los alumnos que menos podríamos imaginar.

Los seres humanos somos esponjas que absorbemos parte de lo que nos da el mundo a nuestro alrededor. Investigaciones sociales revelan que cuando una persona ve a alguien tomar un riesgo, tiende a asumir las mismas decisiones. Por eso es muy común que los adolescentes tomen decisiones poco inteligentes cuando están rodeados de sus amigos, ya que la mala influencia es siempre mayor y contagiosa.

“Parte del problema es que generalmente somos tolerantes a este tipo de comportamiento, pero son muy perjudiciales. La falta de educación tiene un increíble efecto negativo”, Trevor Foulk (investigador social de la Universidad de Maryland).

La prevención de este tipo de reacciones y su manejo dependerá mucho de la comunicación que tengan los padres/madres con sus hijos, de las consecuencias del no cumplimiento de las normas y del respeto a los demás que se enseña desde casa.

Es necesario y urgente que entre todos colaboremos para mejorar las situaciones que amenazan el bienestar educativo de nuestros hijos. Para ello recomendamos  hablar con  ellos sobre las situaciones que se presentan en los centros educativos para que siendo conscientes pongan límites a su conducta y no se dejen llevar, que vayan adquiriendo una personalidad propia desde la seguridad y refuerzo familiar.

Deben aprender cuando interrumpir y cuando controlar el impulso de decir algo que realmente no aporta nada, respetar la autoridad del profesor y si es el profesor el que se equivoca, saber buscar el momento adecuado y la forma desde el respeto para hacérselo saber,  motivar al aprendizaje,  reforzar sus conductas positivas. Transmitirles que el centro educativo es de todos, que lo pagamos con nuestros impuestos y que hay que cuidarlo igual que cuidamos nuestra casa, y que si se rompe o estropea algo, tenemos que hacer un gasto extra para arreglarlo.

Desde otro punto de vista, veo que mi hijo está feliz de ir a su instituto, está contento de compartir con sus amigos y compañeros de siempre, proporcionándole una estabilidad y una sensación de pertenencia tan importante en estas edades.

También veo que hay muy buenos profesores, muy profesionales y capacitados, ya que solo menos de media docena  de entre más de 40 profesores son los que están en entredicho.  Mi hijo no para de contarme lo motivantes y divertidas que son las clases de Geografía e Historia, o lo buen profesor que es el de Lengua a pesar de que es la asignatura que menos le gusta, o lo cautivantes que son las clases de Plástica a pesar de las exigencias y dificultad de la asignatura, o el esfuerzo de la profesora de Tecnología para que no se aburra y se centre.  Y así muchas historias más que hacen que el esté contento y yo también.

Y si le pregunto a mi hijo mayor, que ya pasó por este centro y ahora está en otro mucho más grande me cuenta que en el anterior estaba mucho mejor, «en cuanto a todo». La convivencia en el centro donde está ahora es muchísimo peor, peleas, faltas de respeto, alumnos disruptivos… y que las instalaciones están de pena, que le da asco entrar en el baño y que todo está estropeado, roto y mal conservado. También tiene muy buenos recuerdos de excelentes profesores durante su paso por la ESO.

Para mí este instituto es el lugar donde dejo cada mañana a uno de los seres que más amo, y lo dejo con la total confianza de saber que va a aprender de lo bueno y de lo malo, de que está aprendiendo a adaptarse a diferentes estilos de enseñanza, a desenvolverse socialmente y a mirar desde los ojos de los demás.

Sé que hay momentos muy duros que resultan muy difíciles de soportar pero la manera de solucionar estas situaciones no es rendirse ni huir de ellas. Como dice la frase “Si estás pasando por un infierno, sigue avanzando”.

Por último señalar que hay muchas familias que empatizan con los profesionales que están luchando por cambiar estas situaciones que aunque aisladas se convierten en una pesada carga. No están solos, siempre se logra salir adelante.

«La vida no es la forma en que se supone que debe ser, sino que es lo que es. La forma en la que le haces frente es lo que marca la diferencia»

-Virginia Satir-

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.