Carta de una adolescente a su madre (escrita en la década de los 80).

Mamá:

Tus hijos son, para tu familia, los instrumentos directos de las bendiciones de la vida. No te dejan un momento de reposo, te llaman, lloran, ríen, chillan, pelean, alborotan, reclaman tus cuidados; en resumen, te absorben todo el tiempo del día y la noche. Te quejas a veces del excesivo cansancio que te producen, pero difícilmente sabrías resignarte a renunciar al más pequeño de tus deberes.

Y un día ya no te sientes oprimida por aquella pequeña turba, porque ahora una vez crecidos, tus hijos precisan de otras necesidades como:

  • La necesidad de pertenecer a algo y ser leal a ello.
  • La necesidad de alegría y felicidad.
  • La necesidad de confianza, valor y seguridad en sí mismo.
  • La necesidad de poseer un cuerpo sano y aptitudes para el trabajo y la distracción.
  • La necesidad de luchar, de crear y sentir éxito.
  • La necesidad de progreso.
  • La necesidad de vivir en contacto con la naturaleza.
  • La necesidad de AMOR, COMPRENSIÓN y BIENESTAR.

La conducta emotiva de los padres se refleja notablemente en los hijos. La madurez emocional no puede limitarse a la mayoría de edad sino que es algo que puede aplicarse a cualquier nivel del desarrollo humano. La madurez emocional no significa reprimir las emociones. Lo último aumenta la tensión en vez de disminuirla. Los padres tienen derecho a experimentar y manifestar sus estados emocionales. El ocultamiento deliberado de los sentimientos tiende a causar más desasosiego e inseguridad que su expresión directa y espontánea. Los padres están llamados a liberar al niño de aquellas escenas emocionales que están por encima de su capacidad y comprensión.

Los padres pueden encontrar difícil comprender que su bebe se va convirtiendo poco a poco en una adulto. En cuanto a la crianza, existen dos posiciones extremas: el rechazo y la excesiva protección.

El término rechazo se aplica cuando los padres evitan su conducta molesta, castigan con severidad, reprenden con frecuencia, amenazan con echarlo fuera de casa, encerrarlo o amedrentarlo, le niegan atención, comparan desfavorablemente con otros niños o con su propio hermano. El niño que es objeto de rechazo se siente indeseado, que no sirve para nada, que nunca hace nada bien. El niño puede sentir que no es deseado y que solo se le tolera como una obligación.

La excesiva protección puede manifestarse de las siguientes maneras: contactos excesivos con el niño, tales como prolongar el cuidado propio de la infancia, excederse al satisfacer lo que el niño desea, mimarlo exageradamente y tomar precauciones excesivas. La protección exagerada puede resultar en testarudez, temperamento irritable, indecisión, preocupación, timidez, inhibiciones al hablar, miedo a la gente, sentimiento de inferioridad y retraimiento. Tal actitud evita que el niño desarrolle confianza e independencia. La protección excesiva hace difícil que el niño sea capaz de ser autosuficiente.

Para el adolescente el hogar sigue teniendo gran importancia. Es necesario que siga contando con sus padres como personas que le tienen afecto y en las que puede confiar. El adolescente necesita del hogar como base de operaciones estable a la cual pueda acudir cuando las cosas están mal. Necesita de un hogar donde pueda descansar y eliminar tensiones.

El clima emocional del hogar debe caracterizarse por el cariño, la amistad y el respeto mutuo. La supervisión excesiva de los padres crea tensiones emocionales en el adolescente, quien se resiste a que le traten como a un bebé demostrando su resentimiento con conductas irritables, obstinadas y negativas.

Cuando el niño pasa a ser adolescente el cuidado filial se convierte en que ambos, padre y madre, asumen la responsabilidad con respecto al niño y la relación de éste con sus hermanos. Los padres están ahí para recibir la contribución de estos a la familia.

El adolescente necesita un círculo cada vez más amplio para el cuidado de sí mismo y por la necesidad que tiene de encontrar un lugar donde pueda aportar algo cada tanto, cuando experimenta un impulso creativo y generoso. Estos círculos cada vez más amplios son el regazo, los brazos y la preocupación de los padres.

Una característica básica de los adolescentes consiste en que no aceptan soluciones falsas. El adolescente busca una solución inmediata pero, al mismo tiempo, rechaza un intento tras otro porque percibe en él algún elemento de falsedad.

Quienes tienen adolescentes a su cargo se sienten desconcertados cuando comprueban que pueden mostrarse sumamente desafiantes y al mismo tiempo infantilmente dependientes, con patrones de dependencia infantil que datan de las primeras épocas de la vida. Además, los padres de pronto descubren que están invirtiendo dinero en capacitar a sus hijos para que estos desafíen su propia autoridad.

Existe un solo remedio para la adolescencia pero que por supuesto no encierra el mismo interés para los que la están padeciendo: el transcurso del tiempo y los procesos graduales de maduración, factores que actuando de forma conjunta, conducen finalmente al surgimiento de la persona adulta. Es imposible apresurar o demorar este proceso. A veces es preciso que recordemos que, si bien siempre conservamos algo de adolescentes en nosotros, cada adolescente crece y se convierte en un adulto en unos pocos años.

Los hijos son los más amables y poderosos intercesores que los padres puedan tener para con Dios, son un tesoro incomparable, la verdadera riqueza de la familia, los más dichosos ejecutores de grandes prodigios, el recurso más poderoso puesto a disposición de los padres.

Me preguntaba qué estaba pasando, por qué en mi casa siempre había gritos, disgustos, rencor, miedo y tantas cosas… No me quedé con el ¿qué hago? de siempre, sino que fui más allá e investigué.

Soy desordenada, despistada, egoísta, mal agradecida, desobediente, pedante, antipática, etc… Pero ante todo soy un ser humano y tengo defectos que puedo mejorar, pero lo reconozco, se quién soy, qué hago y qué quiero ser. Quiero ser ordenada y por lo menos una vez al mes ordeno mi cuarto y trato, cada vez que llego de la calle, de guardar la ropa en su sitio. Al principio funciona, pero dos días después… El ser humano es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra.

Quiero dejar de ser despistada pero aunque trato y me paseo por toda la casa viendo qué puedo hacer, no veo nada. Porque pienso que primero son mis estudios que cualquier otra cosa, dejo la ropa encima de la cama que aún está sin hacer, porque tengo miedo que me pase lo que le pasó a mi hermano. Pero me equivoqué, no me va a pasar, debo hacer la cama. Y tantas otras cosas…

Pienso que todos debemos cambiar, no solo mi hermano y yo. Todos debemos madurar más esta situación. Tú, mamá, debes pensar que también eres un ser humano y que cometes errores. Que no siempre tienes la razón y que deberías escuchar BIEN el argumento del otro para poder argumentar. Mantener la calma y no “gritar” ni poner mala cara entre otras cosas.

Debes pensar que somos una familia, solo nosotros, sin importarte los demás. Lo que digan los demás siempre estará de más y mal porque no tienen argumentos para hablar mal de nadie. Y si un amigo es capaz de hablar mal de ti, no es tu amigo.

He hablado con mucha gente y todos me dicen que es malo que le regañen tan seguido, lo que no es malo es que hablen COMPRENSIVAMENTE con él. No te parece que si en vez de regañarle un día que llega tarde, le dices que si sabe qué hora es y que si a él le parece (CARIÑOSAMENTE) que estas son horas de llegar, y si te dice que ahora es cuando todo el mundo se marchó, le haces comprender que él no es todo el mundo, que es TU HIJO y que debe respetar las horas que acordéis porque si no se perdería la confianza y no habría respeto, ni consideración, ni amor… Todo esto de BUENA MANERA, dejándolo hablar a ÉL, ¿no resultaría? Ya que sería él quien estaría razonándolo y poniéndose en tu lugar.

Recuerda que las palabras se las lleva el viento. Actúa con AMOR. Ten consideración porque aún nos falta mucho por aprender, que aún no somos adultos, sino adolescentes, y que por lo tanto nos tienes que enseñar y no solamente hablar.

Quería saber qué era lo que estaba pasando y me puse a investigar, esto fue lo que encontré. Vosotros que sabéis el quíntuple que yo, ¿por qué no seguís investigando?

Os queremos mucho y os necesitamos, ayudadnos a aprender.

TU HIJA

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